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viernes, 10 de enero de 2025

Alfonso Orozco, a 20 años.

Hoy se cumplen 20 años de su partida. El 10 de enero del 2005 falleció el tenor lírico pinto Alfonso Orozco, y desde entonces el sol al menos para mi y seguramente para Rebe y para sus hijos Alfonso y Danilo, ya no calienta igual. En infinidad de ocasiones he echado de menos sus consejos, su guía, su amistad. Anoche me di a la tarea de buscar información en internet (una vez más) y mientras no puse el año del fallecimiento, literalmente no me arrojó ningún resultado. Las mismas tres notas de siempre: una función de zarzuela donde lo elogian por su gran pronunciación, una liga al dúo de Don Carlo con el Mtro. Bañuelas, otra liga al Mtro. Sulvarán quien fue un joven Escamillo en unas Carmenes de Bellas Artes, y un concierto en la UNAM, donde recuerdo haber estado, en el cual iban los solistas de la ópera a dar sus servicios, pues en ese entonces había cambiado la configuración de la ópera en México y habían sacado de circulación en la ópera de Bellas Artes a casi toda esa generación de artistas. Alfonso, todavía cantó unas funciones de Madama Butterfly en el Palacio (1992) con una soprano finlandesa Eliana Lappalainen y dirigido en escena por un director de una telenovela de tras oriental, el del “Pecado de Oyuki”, Benjamin Caan, su primera ópera y si mal no recuerdo, también la primera de Kleinburg, porque esta había sido programada por Sergio Vela, y al ser sustituido por el mencionado, llegó a un  ensayo dentro de las instalaciones de Bellas Artes. Alfonso, fue el último de aquella generación que siguió presentándose, no más Guillermina Higareda, Roberto Bañuelas, etc., etc., 

En el  Palacio de Bellas Artes Alfonso Orozco, había interpretado en los últimos años a Pinkerton, su gran rol, con el que acompañó a la famosísima maestra Irma González, en su despedida de la ópera. Lo cantó también con su paisana Gilda Cruz-Romo y por supuesto con su frecuente compañera Guillermina Higareda, de quien él decía que cuando regresaba a escena como Cio-Cio-San con la melodía aguda del violín que da lugar al dúo de amor, y desde el que la soprano emerge recitando: “Vogliatemi bene, un bene piccolino, un bene da bambino…”, o sea la pequeña japonesa pidiéndole que la ame tiernamente, con cuidado sin irla a romper, como si fuera una niñita… en la obra ella tiene 15 años… bueno, Alfonso platicaba como sentía que se le enchinaba la nuca cada vez que Guillermina cantaba esas frases. Una gran artista con una expresión y una voz sublime. 

Hay testimonios de muchas de estas funciones en video, solían transmitirse en el canal 11 del politécnico y después en el canal 22, con Rogelio Vargas, que para mi eran imperdibles las sesiones semanales de las ópera completas. Esa época dorada la registró don Manuel Irizar y todavía gracias a su esfuerzo pueden verse en Youtube, donde que no les cuenten, pueden ustedes comprobar el nivel de la ópera que tenía México y que competía artística y vocalmente con el nivel de cualquier compañía del mundo. Al parecer ha sido ignorada por estos nuevos “expertos”, y dejada a su suerte. Pues Irizar, ha intentado que se haga un rescate digital de estos materiales, sin éxito. A veces pienso si será para decirnos que lo que vino después fue mejor, no lo sé. El asunto es que la mayoría de estas grabaciones tiene una terrible calidad de sonido y video. 




En esas grabaciones es posible ver a Alfonso en el demandante rol de Luigi, en “Il Tabarro “ (1990), junto al maestro Bañuelas, quien me platicó recordando aquella temporada, que el rol de Michele lo había cogido por sorpresa, a pesar de su experiencia y de haber cantado otros roles de Puccini, nunca se esperó la dificultad de este papel y tuvo que luchar ya en ensayos con orquesta para resolverlo, lo cual era rarísimo en un cantante que siempre llegaba con sus roles flamantemente puestos desde el primer día de montaje. La mtra. Higareda fue Giorgetta. Creo la última ópera que hicieron los tres juntos en ese escenario. También con Alfonso, está su Don José en “Carmen”, su Cavaradossi en “Tosca”, otros de sus grandes roles, y por supuesto el rol con el que lo conocí personalmente: Samson, de “Samson et Dalila” (1989), en el Teatro Degollado junto a Estrella Ramírez y Arturo Nieto. Recuerdo haber estado en todos los ensayos y funciones de esa maravillosa puesta, por aquel entonces el Coro del Estado estaba en su mejor momento, muchos de sus integrantes seguirían como solistas después, pero tengo hasta hoy muy dentro de mi, el recuerdo del “Voi ma misère, Hélas”, al principio del Acto III, cuando Samson da vueltas al molino, ciego. Esas impresionantes frases en las que el tenor va al “la bemol”, “Dios, toma mi vida en sacrificio para calmar tu furia” y después volverá al la natural. En ese momento, todo el teatro Degollado se llenaba de sonido, como si no hubiera espacio sin abarcar, no es que fuera solo tremendamente fuerte, sino por intentar explicarme es como si todo el espacio se llenara de agua en ese momento, esa agua era sonido. Nunca he vuelto a escuchar algo así, me han referido experiencias semejantes dos maestros: Roberto Bañuelas cuando escuchó a Giangiacomo Guelfi, la misma sensación del sonido inmenso que abarcaba todo. Cuando acudió a preguntarle cómo lo hacía, Guelfi le decía que era el “fiato”. El Mtro. Ratko Tichavsky me hablaba de su experiencia escuchando a la Obrasztsova en un par de ocasiones, y se refería a ella como si tuviera una boca gigantesca de la cual brotaba un caudal de sonido. Pues bien, cada ensayo y función en esa aria, volvía el momento fulgurante, el mismo efecto, que tristemente como cuando Victoria de los Ángeles habla de Bjoerling, no puede ser captado por los micrófonos, es algo que sólo puede ser experimentado in situ. De los Angeles se refería a la belleza de la voz de Bjoerling, que no  podía ser capturada en un disco, había una cualidad única que sólo podía percibirse en vivo. 


Por supuesto, después de ese Samson, fui a pedirle a Alfonso Orozco que me enseñara, y vaya que lo hizo, no me voy a extender aquí acerca de ello porque este texto es para honrar su memoria y no la mía, Pero descubrí que esa impresionante voz, era tan sólo parte de una maravillosa persona, con una cultura enorme, sumamente generosa. Un lector voraz que me inició en tonelada de libros y un hombre que podía charlar sin ninguna dificultad durante horas de temas interesantísimos. El Mtro. Bañuelas se refería con ese humor que lo caracterizaba, a “los excelentes monólogos de Alfonso Orozco”. Desde entonces, cada que me he topado con personas que lo trataron, en especial sus compañeras y compañeros, siempre me hablan con mucho cariño de él. En una ocasión durante unas audiciones en el Conservatorio Nacional, estaban como sinodales las  sopranos Guillermina Higareda y Rosa María Diez, junto a Leszek Zawadka, y antes de cantar me preguntaron con quien había estudiado. Al mencionar a Alfonso Orozco, que había fallecido recientemente, se emocionaron mucho pues habían cantado con él en muchas ocasiones, canté “Allerseelen” (el día de todas las almas) de Richard Strauss, mientras la mtra. Guillermina recitaba en silencio la canción y lloraba muchísimo, se quisieron enormemente.  Por supuesto, siempre presente, su pareja, la mtra. Rebeca Pérez Higareda, con quien compartimos muchos momentos increíbles en compañía de Alfonso, al que es imposible no recordar. Ese mismo año (2005), publicaría mi libro sobre la Canción Arte, que está dedicado a su memoria.

sábado, 15 de octubre de 2022

 Acercarse al Teatro con una obra como la de Villoro,                                                                                                                                                                                    nos garantiza quedar prendados por siempre de las Artes Escénicas.                                                                                     Por Jorge Taddeo


Anoche por fin, fue nuestro estreno en el teatro Experimental de Jalisco, con la obra: "El Filósofo Declara" de Juan Villoro, misma que desde hace varias semanas hemos estado promoviendo por todos los medios posibles, ya que sólo estará 6 viernes en escena. Nos quedan 5. 

Les puedo decir, sin falsa modestia, que nuestra primera función fue muy conmovedora, el elenco creció muchísimo, como resultado esperado después de un arduo trabajo, pero lo más importante para nosotros, es que hubo un contacto enorme con el público. Tuvimos la fortuna de contar con un público muy receptivo hacia una obra tan llena de contrastes.


El fenómeno escénico volvió, y como cada vez que nos sucede presenciarlo sigue siendo impactante. Me refiero a lo sorprendente que es el cómo una obra que hemos leído, ensayado y analizado más de un centenar de veces, de repente cobra vida propia y se completa a si misma. Si se me permite el símil, es como si todo el proceso de montaje fuera el estar fabricando  un globo gigantesco, que sólo en el momento de la representación se empieza a llenar de aire y podemos darnos cuenta de sus verdaderas dimensiones. 


Estamos ante un mágico espejo que va dándonos a quienes estamos enfrente un atisbo de nuestras propias vidas, de nuestras relaciones cercanas y lejanas, o como dice en la obra el Profesor: de nuestros afectos. El resultado es una obra entrañable. 


Pudimos constatar una vez más porqué el teatro es algo vivo, pues todo lo experimentamos en ese preciso instante, mientras continua el viaje. Las reflexiones vendrán después de este fenómeno, pero ese momento, el de la representación, es de los vasos comunicantes.






Citando al pato Bermudez: “perdón, por tanto rollo”. Pues en realidad me encuentro aquí para agradecer a un gran equipo que hace todo esto posible. Mi colaboradora de hace ya muchísimos años, Anna Sosa, que tiene más puesta la camiseta que nadie, y que se ha ido labrando su propio camino. Incondicional en cuanto a todo el trabajo que requiere montar proyectos de este tamaño. Alguna vez, le comenté a una periodista que cuestionaba un presupuesto que nos habían otorgado para “Amadeus”, que lo mejor que podía hacer una institución tal como lo sugería Bauman, era entregarlo a una asociación de probada honorabilidad, calidad y esfuerzo, porque ellos ejecutarían ese recurso con un nivel de eficacia muy superior al de la Institución que lo otorgaba. Me explico, para montar una obra del tamaño de “Amadeus” o de “Peer Gynt” no es suficiente una jornada laboral, literalmente entregamos un año de nuestra vida con cargas horarias súper intensas al proyecto, o sería imposible llevarlo a cabo. Y como no tenemos las posibilidades de una gran empresa con docenas de colaboradores, pues entonces necesitamos de algunas personas clave que estén dispuestas a resistir esa clase de compromiso. Bien, Anna Sosa es una de esas poquísimas personas. También tengo la suerte de contar con un escenógrafo de cabecera, o sea alguien que no se dedica a hacer escenografías pero que tiene la sensibilidad y el conocimiento necesario para ello, mi querido Pepe Pelayo, que se sube a este barco, a veces de dimensiones tremendas y creo que al igual que como pasa conmigo, se enamora del proyecto en turno, y de lo qué significa no sólo descubrir cuál es el mejor entorno para presentarlo ante el público, sino de todo lo que subyace en las obras que me van enloqueciendo. Aunque no tanto como me enloquece el buscar obras con las que pueda conectar plenamente. La selección del repertorio es un proceso sumamente personal.


Vuelvo a nuestro proceso y estreno de “El Filósofo Declara”. En varias entrevistas con la prensa, me hicieron una pregunta: ¿qué tan difícil fue el trabajo con un elenco de ese nivel? ¿Tuvo problemas con ellos?, mi respuesta invariablemente fue: -Por supuesto que no. Con la mayoría del elenco hemos trabajado antes en proyectos muy grandes, y siempre ha existido una relación de mucho respeto. La mejor prueba de ello es que volvemos a trabajar juntos. Karina Hurtado, talentosísima actriz, con una fuerte y flexible personalidad que le permite moldear a sus personajes con gran acierto. Aparte, que siempre lo agradezco, sumamente dedicada desde los primeros procesos. Eduardo Villalpando, actor sumamente carismático y profesional, de esos actores a los que vas visualizando en un sinnúmero de roles. Con quien me toca trabajar por primera vez es con Marco Orozco, un actor con una trayectoria enorme, que anoche demostró porque lleva tantísimos años en el medio como primera figura. Un placer el tenerlo dentro de este importante elenco. La queridísima María Belén, siempre con su actitud positiva ante la vida, con un rol que seguramente entiende muy bien y con el que logra un balance muy especial al lado de todo el Elenco, pues es quien se especializa en relacionarse con todos de manera muy atractiva. Y Jonathan Gutiérrez, con un rol también muy demandante, ya que nunca hay rol pequeño, como lo demuestra con su actuación. Bien resuelto su personaje, ya más maduro que en proyectos anteriores. En resumen, un Elenco ideal para la obra, con las posibilidades de convertirse en sus personajes de forma honesta y efectiva. Gracias muchas gracias por sumarse a este proyecto. 


                                                                                                                        CONCERTTANTE PRODUCCIONES